Cotolengo Don Orione de Montevideo, Uruguay, septiembre de 2014

destacada-2014-09-cotolengo-montevideo

Palabras de Laura Sobrera, organizadora de MPA-Uruguay
Si en verdad tuviera los vocablos necesarios para explicar lo que se siente.
Si todas las palabras juntas, se beneficiaran con el poder de contar, que lo que puedas recibir, es infinitamente mayor que la capacidad que creas tener para dar.
El diccionario nos llena con simples significados de palabras, pero es totalmente incapaz en el alcance de los sentimientos que puedan provocar.
Por ejemplo, dice que SOLIDARIDAD es, “adhesión o apoyo incondicional a causas o intereses ajenos, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles.”
Esa es una definición típica de un diccionario, pero que es totalmente insuficiente, a la hora de su ejercicio.
Había un niño, Panchito, que me llamaba mamá, aunque no era mi hijo, o sí, tal vez lo fue, durante ese brevísimo momento en que estuvo en mi falda.
Gonzalo, en cambio fue el novio de Lauretta, durante el aria de Puccini.
Ruben, dirigió junto a Daniel, el fragmento de los Toreadores, de la ópera Carmen.
A Nahuel, teníamos que decirle que se sentara derecho, para poder ver el brillo de sus ojos, algo que le daba vergüenza, pero se notaba desde lejos que le encantaba esa atención.
Algunos nombres que no recuerdo, un Matías enojado por estar sentado al lado de Juan, al que “rescaté” ubicando su silla en la fila de atrás.
Apretones de manos, las sonrisas, ver ojos brillar de alegría, abrazos, besos, esas son las “cosas” que nos llevamos. Lo que pasa, es que tengo ese anticuado concepto, heredado, creo que de mi mamá, una MUJER, que siempre tuvo ese “poder” de ver la necesidad de otros, antes que la suya.
Provocar sonrisas, ser la causa de risas, abrazar y recibir la respuesta verdadera, ésa que sale desde el fondo del corazón, no pueden tasarse, porque como dice un amigo sumamente querido, son cosas que tienen “valor”, pero es imposible ponerles “precio”.
Tal vez, mi locura sea mayor de lo que pensé, pero mientras sigamos intentando “definir” la vida, ésta se llenará de hospitales, cottolengos, hogares de ancianos y otros tantos lugares similares.
Quizás el tema, no pase por intentar que el mundo cambie y solo se trate de aceptar que éste, no es perfecto, pero entender que nuestra naturaleza es de luz y de acuerdo a ella, hacer algo al respecto.
Jesús dijo que cuando se enciende una lámpara, no es para ponerla debajo de la mesa.
Música para el Alma, encendió algo más que una simple luz. Nos dio una oportunidad única de darle un valor diferente a las múltiples bendiciones que la vida nos da, diariamente, aunque no las veamos entre múltiples quejas sobre todo lo que nos falta.
No pierdo la fe de seguir sumando gente a este proyecto. Al respecto creo que soy muy porfiada, cuando estoy convencida que el valor de las almas, se potencia, en esos momentos en que se hacen cosas por alguien más que uno mismo.
Hoy, me faltaron pañuelos, para secar más boquitas abiertas. También me quedé con la sensación de querer tener brazos más largos, para que entren más niños en un abrazo, o piernas que sostengan a más niños en la falda.
Por eso cuando empecé, dije que las palabras no siempre son suficientes, ni siquiera significativas.
No hay palabras capaces de expresar toda la emoción que siento en este precio instante, en que estoy sentada recordando cada momento, mirada, palabra, risa. Por eso se desborda el caudal desde mis ojos, sin que pueda ni quiera hacer algo al respecto. Es que después del momento, en que tantas almas estamos en una comunión, de amor, música, empatía, solidaridad, comprensión, recibiendo tanto cariño, tantas demostraciones de un amor muy grande, un agradecimiento sin límites, es imposible no sensibilizarse ante tanta bendición.
Extrañamente, después de cada concierto, salimos fortalecidos, felices, o podría decir, plenos y en cada beso recibido, abrazo, frases de agradecimiento o alguna de picardía, con aquellos a los que supimos acercarnos más, son todos esos mensajes de corazón a corazón, los que me dicen que éste es el camino, que es ésta, nuestra naturaleza de luz, que no hay otra manera de ser y sentirse humanos, que compartir nuestras bendiciones. Todo se trata de dar y recibir. Espero no haya confusiones al respecto, todos damos y recibimos, pero desde mi perspectiva, lo que nos dan, es tan grande, que solo se me ocurre una palabra para describirlo: INEFABLE (lo que no puede ser explicado con palabras).
Como dije, no siempre todo puede ser expuesto en letras, por suerte, en esta ocasión, tengo las imágenes necesarias para acompañar este sentimiento.