Hospital Neuropsiquiátrico Infanto Juvenil “Dr. J. Tobar García”, CABA, mayo 2014

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Música para el alma se presentó en el Tobar García. Después del Borda y del Moyano, era una deuda con los niños y adolescentes de este hospital. Un concierto diferente, con chicos curiosos que tocan los instrumentos y acompañan a los cantantes.

Verónica Del Vecchio: Un concierto para el corazón
Hace unas semanas, los pequeños pacientes del Hospital Tobar García fueron protagonistas de un enorme momento. Los integrantes de Música para el Alma desplegaron su solidaridad en forma de coro y orquesta. Una muestra del poder transformador de la música en situaciones difíciles.

Un concierto para el corazón

Los pequeños directores mueven sus manos con firmeza al compás de Mozart, dirigen el coro, la orquesta, emulan “O sole Mío” con la pasión de un tenor experimentado y provocan los aplausos espontáneos del público presente. De repente, los pacientes del Hospital Infanto Juvenil Tobar García de Barracas ya no están dentro de las cuatro paredes de una sala; el auditorio se transforma en un teatro en el que ellos no son solo los espectadores, sino los actores más importantes de un concierto de música clásica. Música para el Alma, una iniciativa solidaria de músicos profesionales logró esa verdadera fiesta en la que tanto los pacientes como el personal médico disfrutaron del poder sanador de la música.
Dicen que las utopías no existen, pero que las hay las hay. Tal vez en eso se pueda resumir el objetivo de este proyecto que comenzó hace dos años y que tiene el fin de transformar las experiencias dolorosas en alegría. En palabras de su creador y violoncelista del Teatro Colón, Jorge Bergero, Música para el Alma busca “lograr una profunda conexión a través de la música en instituciones donde hay personas que están pasando por una situación difícil en sus vidas”. Se trata de “un proyecto que muestra que músicos profesionales pueden llevar su actividad fuera de los ámbitos convencionales en forma independiente, auto convocada, solidaria y gratuita”, cuenta el músico con más de 20 años de trayectoria.
Música para el Alma surgió en 2011 en la Fundación Salud de Buenos Aires, donde la flautista María Eugenia Rubió, por entonces la pareja de Bergero y que padecía una enfermedad terminal, realizó el programa de recuperación para pacientes con enfermedades graves. “Después de unos meses empezamos a hacer conciertos con un grupo de amigos músicos del Colón”, cuenta Bergero. “Luego de la partida de Eugenia, al año siguiente, Música para el Alma dio su primer concierto en una institución pública: el Colegio Santa Cecilia para niños ciegos”.
Desde ese entonces el proyecto no se detuvo y en sus dos años de vida, dio a a luz a más de 70 conciertos en diferentes instituciones, en nueve provincias del país.
Pero en el Tobar García la interacción constante con los chicos durante el concierto, transformó al evento en una experiencia nueva para los músicos. “En un momento una profesional trató de hacer sentar a un chico que estaba “dirigiendo”, y él le respondió: ¿No ves que estoy trabajando?”, rememora Bergero.
En esa dirección, Liliana Litvin, cantante hace diez años en el coro de las Américas, cuenta que “los chicos en vez de ser tratados como una molestia fueron integrados, y pasaron a ser directores de orquesta y directores de coro”. Participar del concierto significó además “juntarse con gente profesional de las mejores orquestas, que vienen acá para poder acercar el poder transformador que tiene la música a las personas menos privilegiadas”, relata el director de la orquesta Federico Sardella.
Para Bergero fue una experiencia “emocionante” porque “jamás vinimos a una institución con niños psiquiátricos, y lo que vivimos hoy no hubiese pasado en otro lado”, relata el violoncelista de 50 años.
El Tobar García es el único hospital infanto juvenil para enfermedades psiquiátricas de Buenos Aires, y actualmente atiende a 64 pacientes agudos de entre dos y 18 años. En muchos casos los pacientes sufren patologías duales, en especial por “consumo de paco”, explica el director de coordinación Luis Suárez, quien destaca además, que “aunque no lo aparenten, son chicos que están muy graves, y sin embargo participaron del concierto de una manera increíble”.
En ese sentido, Lidia Romero que trabaja en el Tobar como musicoterapeuta hace 30 años explica que “la música a ellos los convoca, y desarrollan actitudes que tienen que ver con el espacio, el ritmo, y con la participación corporal”. Romero cuenta que fue una grata sorpresa ver el comportamiento de sus pacientes porque “era un ámbito diferente y estuvieron atentos durante todo el concierto”.
El telón está próximo a cerrarse. Suena Vivaldi, después Heandel con su “Aleluya”. A auditorio lleno, el público convocado por la música, médicos, pacientes, madres y algunos curiosos, entonan la Oda de la Alegría de Beethoven. Verdi hace brindar a todos con su “Traviata”. Después, “Los Toreadores” de Bizet, y finalmente “O sole mio”. Los pequeños cantantes entonan a todo pulmón las últimas notas de despedida. Esa mañana de mayo, en el Tobar García, todos fueron músicos.

Diario online Sur Capitalino
Fotos de Agustín Benencia